El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ofreció este viernes una rueda de prensa en Washington en la que abordó la compleja situación política y de seguridad en América Latina, dejando declaraciones que vuelven a poner en evidencia la tensión diplomática con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, así como la postura firme de la Casa Blanca frente al régimen venezolano de Nicolás Maduro.
Durante su intervención, Rubio calificó al mandatario colombiano como “una persona inusual”, aunque se apresuró a matizar que, pese a las diferencias políticas y personales, Estados Unidos mantiene “buenas relaciones a nivel institucional” con Colombia. El jefe de la diplomacia estadounidense subrayó que Washington prioriza la cooperación con las instituciones del Estado colombiano, especialmente en temas de seguridad y lucha contra el crimen transnacional, más allá de las discrepancias ideológicas con el gobierno de turno.
En ese contexto, Rubio expresó una fuerte preocupación por la actuación de grupos armados ilegales en la región. Señaló directamente al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y a las disidencias de las FARC, a quienes acusó de operar en coordinación con el régimen venezolano. Según el secretario de Estado, esta alianza estaría “creando una situación muy difícil para la seguridad de los Estados Unidos”, al facilitar rutas del narcotráfico, refugio a grupos armados y una mayor inestabilidad en la región fronteriza.
El discurso se tornó aún más contundente al referirse a Venezuela. Rubio calificó al gobierno de Maduro como “un régimen ilegítimo” y aseguró que mantiene vínculos con actores que Washington considera una amenaza directa. “Venezuela coopera con elementos terroristas como Hezbollah, Irán y otros grupos narcos”, afirmó, reforzando la narrativa estadounidense que acusa a Caracas de convertirse en un nodo clave para organizaciones criminales y actores hostiles a los intereses de Estados Unidos y sus aliados.
Estas declaraciones se producen en un momento de especial sensibilidad diplomática, marcado por tensiones entre Washington y varios gobiernos latinoamericanos, y por el debate interno en Colombia sobre la política de “paz total” impulsada por Petro. Desde la óptica estadounidense, la eventual connivencia entre Estados, guerrillas y redes criminales representa una amenaza que trasciende las fronteras nacionales y afecta directamente la seguridad hemisférica.
Rubio insistió en que la posición de Estados Unidos no responde a una confrontación ideológica entre izquierda y derecha, sino a la necesidad de contar con gobiernos que cooperen de manera efectiva en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado. En ese sentido, reiteró que Washington seguirá trabajando con las instituciones democráticas de la región, manteniendo la presión sobre aquellos regímenes que, según dijo, “protegen o colaboran con actores armados ilegales”.
La rueda de prensa dejó claro que, aunque Estados Unidos busca preservar la relación estratégica con Colombia, el tono hacia el gobierno de Petro es cada vez más crítico, mientras que la postura frente a Venezuela continúa siendo de confrontación directa. Un mensaje que anticipa que la seguridad regional seguirá siendo uno de los ejes centrales de la política exterior estadounidense en América Latina.